Alcachofazos & Espirales Ascendentes

Estando en la ciudad de Aguascalientes, México, como facilitador de un programa de Líder-Coach, les comento a los hidrocálidos (gentilicio de la gente de Aguascalientes) que estén atentos a los posibles “Alcahofazos” que se puedan “pegar” durante la jornada. Me quedaron mirando silenciosos como preguntándose “¿de qué planeta viene este pinche cabrón?”. Aprendo rápidamente que en México, “pegarse un alcachofazo” es el equivalente a “que te caiga el veinte”.

Aprendo también que la frase es una metáfora maravillosa de la conexión conmigo y con otros. Antaño, a los teléfonos públicos que había en las calles de las ciudades mexicanas había que echarles monedas de 20. Dependiendo del costo de la llamada, cuando la o las monedas caían, o sea cuando “caía el veinte”, la conexión se establecía… y al otro lado del teléfono, lo más probable, escuchabas la voz de un ser amado. Maravilloso. Bastante más lindo que cualquier explicación que podamos inventar los chilenos sobre cómo llegamos a la frase de “pegarse un alcachofazo”.

Alcachofazos que conectan tiene que ver con esto… con la conexión que hacemos al percibir a través de nuestros sentidos algo que nos hace todo el sentido del mundo, que nos permite observar distinto.  

Cuando nos damos cuenta de algo, nos ocurre en un instante, es automático, es en tiempo presente. Y es personal, muy personal, ya que supongamos que yo como facilitador de una jornada o taller, digo o hago algo que a algunos, sólo a algunos, les gatille un “alcachofazo” (ese darse cuenta). Me podría preguntar, legítimamente, por qué será que sólo a algunos les llegó tal comprensión, tal descubrimiento y al resto no. Interesante, ya que debe haber cierta relación oculta entre algún tipo de “pendiente cognitivo”, de pronto algo que de alguna manera se entiende pero que no hace completo sentido, algo que no se termina de comprender, algo que se está cocinando inconscientemente a “Baño María” dentro de nosotros, y que, dado lo gatillado, surge una conexión (como “cuando cae el veinte”) y el “alcachofazo” se devela.

¿Será que el “darse cuenta” tiene que ver con descubrir algo que no formaba parte de nuestro conocimiento, que no sabíamos previamente? Yo dudo que esto sea completamente así. ¿No te ha pasado que cuando te “pegas un alcachofazo” es la instancia en que le “pones nombre” a algo que estaba allá dentro en tu interior dando vueltas inconsciente, confusa y silenciosamente? Es como tener un rompecabezas casi armado al cuál le falta una o dos piezas. Estas últimas piezas, que se develan con el alcachofazo, nos permiten ver la foto completa, conecta todo, le pone nombre, singulariza algo del todo, y de alguna manera, termina de cocinar eso que estaba a “Baño María”, incorporándose desde la completitud a nuestra comprensión consciente.

Lo maravilloso de los Alcachofazos, a mi juicio, es que nos torna, nos vuelve más conscientes. Evidencia de que hemos descubierto algo que pasa a ser una nueva distinción, algo que se separa del todo, que se individualiza y que ya no se puede volver a confundir.  Una vez que hemos comprendido algo, ¿podemos dejar de comprenderlo? La comprensión se da en espirales ascendentes, de esos que permiten que pases por los mismos lugares o circunstancias en la vida, pero con mayores niveles de consciencia, con distintos estados de comprensión. Así, podemos comprender sobre lo ya comprendido, acumulando comprensiones a nuestras vidas. Desde esta mirada, la compresión no tiene vuelta atrás, una vez que has comprendido algo, es tuyo. No puedes dejar de comprenderlo. Luego podrás comprender algo mayor, pero no dejarás de haber comprendido lo anterior.

Otra característica del alcachofazo es que realiza conexiones complejas, no lineales, que no se veían como posibles previamente. Lo que nos ocurre normalmente es que esperamos de alguna manera un desarrollo lineal de acontecimientos y etapas que nos permita resolver nuestros problemas. Si sucedió A, luego B, esperaríamos que C fuese el paso siguiente en la solución del problema. Ello no ocurre así cuando nos pegamos el alcachofazo, ya que nos damos cuenta que la solución llegó desde la Q, no de la C. No es condición necesaria para la comprensión el entendimiento previo. Es decir, hay veces que vamos a terminar comprendiendo, aunque no lo podamos explicar desde el entendimiento. Bueno, de hecho, de esto se trata la intuición.

El “darse cuenta” no lleva ni requiere esfuerzo asociado. Nadie anda por ahí diciendo: “llevo más de dos semanas tratando de pegarme un alcachofazo”. “El veinte cae” en el momento justo que tiene que caer, en el momento menos esperado. Cae en la ducha mientras te estas sacando el champú del pelo, en la cama cuando está en ese estado que ya casi te quedas dormido pero tu mente aun anda deambulando por allí y por allá, andando en bicicleta vista fija en el camino pero observando mucho más allá o viendo una película en que se presenta ante ti algún tipo de recurso inconsciente que permite, que devela, que le quita el manto a algo (que des-cubre), lo que finalmente produce ese “darse cuenta”. No hay tensión ni esfuerzo en su génesis. Lo que sí puede aportar poderosamente a mayores posibilidades de que se den estos “alcachofazos” es estar en contextos, en espacios donde el “ruido ambiente” sea más bien bajo, ya que de alguna manera te tienes que lograr conectar contigo mismo.  

La invitación que les propongo a Hombres que sean o quieran convertirse en Valientes & Vulnerables es a abrirse a nuevas miradas que les permitan tomar consciencia de quiénes están siendo y de qué manera quisieran hacerse cargo de lo que vayan descubriendo en pos de una Masculinidad más sana y consciente. Muy bienvenidos.

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Hombres Llorando - Boicots & Auto-Boicots