Adolfo Valderrama Porter

Mis conexiones

Pareja de una mujer cariñosa y poderosa. Padre de 4 hijos maravillosos, dos mujeres y dos hombres. Abuelo de mi Luna. Aprendiz continuo, observador intuitivo y curioso permanente. Creo firmemente que la manera de ser exitoso es sencillamente hacer lo que nos gusta hacer, lo que gozamos hacer, con disciplina y dedicación. Prefiero el descubrir más que el buscar y creo firmemente en disfrutar el viaje. 

Mis Estudios (entre otros)

Ingeniero Comercial (Universidad Católica del Norte, Antofagasta). Master en Ciencias en Planificación y Organización de Empresas Medianas (Georgia State University, Atlanta). Coach Ontológico (The Newfield Network, Santiago). Coach de Equipo (Escuela Europea de Coaching, Cuidad de México). Master en Biología-Cultural (Universidad Mayor, Santiago). Consultor Acreditado de Insights Discovery (Ciudad de México).

Mi Experiencia

Más de 30 años de experiencia profesional en áreas de Gestión Organizacional y Desarrollo de Equipos Ejecutivos y de Ventas, habiendo asumido cargos de Gerente de Recursos Humanos y Gerente Comercial. Últimos 16 años como Consultor, Facilitador y Coach Organizacional. Director de Plan B Consultores. Co-fundador de la Asociación Gremial de Coaches de la International Coach Federation (Capítulo Chile). Mentor de Comunidad Mujer. Creador de Vía Estoica (Estoicismo en fácil), primera comunidad estoica en Sudamérica de habla castellana bajo el alero de “The Stoic Fellowship”. Creador de Conversatorios de Hombres Valientes & Vulnerables.

Mi Relación con la Vulnerabilidad Masculina

En un taller sobre gestión emocional dentro de un programa de Liderazgo a jefaturas de un hospital público, estábamos tocando el tema de la Vulnerabilidad, cuando un cirujano nos preguntó si podía contar su experiencia. 

Se paró frente a unas 20 personas (colegas doctores, enfermeras y  profesionales administrativos) y nos contó que hace unas semanas atrás se “le había muerto” un joven de 16 años en su quirófano. Relató lo terriblemente quebrado que estaba, realmente destrozado. Frente a su equipo “tuvo” que mantenerse incólume (sabiendo que el resto del equipo estaba igual de destrozado). A continuación tuvo que ir a informarles a los padres, lo que hizo con un temple “admirable”, a pesar del intenso dolor que llevaba dentro. Al preguntarle si el tema lo había tocado con sus colegas doctores, me dijo que no había podido. ¿Y pudiste conversar con tu esposa? Me respondió: “Mira Adolfo. Yo no puedo hacer eso, no me preguntes porque, sencillamente no puedo. Lo único que hice fue que manejé a mi casa esa noche y tres cuadras antes de llegar, detuve el auto y lloré, lloré mucho, completamente solo”.

Recuerdo que una enfermera levantó la mano y preguntó: “Doctor, ¿lo puedo abrazar?” Ello terminó un abrazo grupal muy poderoso.

Hay una diferencia grande entre ser vulnerable y mostrar la vulnerabilidad. Este hombre estaba siendo extremadamente vulnerable dado lo que estaba viviendo, pero no tenía la capacidad de mostrar su vulnerabilidad.

El haber vivenciado lo descrito (que entiendo que es un caso extremo respecto a lo que nos pasa en lo cotidiano a la mayoría de los hombres) me abrió un mundo de reflexiones profundas, y dado mi profesión, me cuestioné cómo podría aportar a tantos hombres que deciden mantener sus emociones acorazadamente dentro de ellos, quizás con las creencias de que el tiempo las hará desaparecer, sin saber que “las emociones no son bio-degradables”.

Por esto estoy aquí.  Por esto hago lo que hago.

¡Hablemos!